Mamá y el silencio (segunda parte)

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Nuevamente cedo este espacio para que lean la segunda parte del relato de Ana Cecilia, quien nos comparte su experiencia como mamá que no oye:

Ser madre con discapacidad auditiva no ha sido fácil.

Cuando mi primera hija cumplió 18 años recibí la noticia de que sería mamá por segunda ocasión.  Recuerdo que en esa época no confiaba en mí y pensaba que no podía cargar con la responsabilidad de otro hijo. 

Los meses transcurrieron rápidamente y fue en junio de 2016 que nació mi bebé.  Nuevamente tuve una niña oyente quien llegó a este mundo para darme una lección de confianza y responsabilidad.  

Para mí ha sido maravilloso ver cómo mi pequeña comprendió desde un principio que su mamá no la oía y solita encontró la forma de comunicarse conmigo.

A veces me pregunto, ¿cómo alguien de meses de nacido puede entender algo como la sordera?  

Mientras ha ido creciendo ha recurrido a distintas formas de llamar mi atención, tales como tocarme con sus manos y señalar las cosas que necesita.  Me resulta increíble ver cómo ha desarrollado su propio método de lenguaje en silencio.

Aquel miedo que sentía por creer que no podía cuidar de mi bebé desapareció y fui encontrando distintas herramientas que me ayudan cuando mi vista no es suficiente, como monitores que vibran.

Ésta fue una etapa en la que recuperé mi independencia y el control de mi vida.  

En agosto de 2017 nació mi tercer bebé, un niño oyente, quien ya ha encontrado la forma de comunicarse conmigo. 

Desde hace tres años vivo en un país que no es el mío y lucho día tras día para encontrar la forma de comunicarme con personas que no sólo me ven como discapacitada sino también como extranjera.

Poco a poco he ido aprendiendo a reconocer palabras en otra lengua, ya que la labiolectura sigue siendo mi única forma de comunicación. 

Mi mayor miedo es que mis dos hijos pequeños se conviertan nuevamente en mis intérpretes, ya que entiendo que es una carga la cual no les corresponde llevar. 

Considero que ser una mamá con discapacidad auditiva es difícil, pero mis hijos me han enseñado que puedo serlo y lograr cosas que nunca me creí capaz de hacer.

Mi primera hija ha sido quien más me ha ayudado y en quien más me he apoyado y la persona que me ha demostrado que son los hijos quienes mejores lecciones nos dan.”

 

Un pensamiento

  1. Muchas gracias, Lilian, por publicar la conclusión de tan conmovedora historia.
    Es digno de alabanza la actitud que tuvo esta señora para sobreponerse al fracaso que tuvo con su implante coclear.
    También es una lección de vida que nos motiva a seguir adelante y enfrentar nuestra propia discapacidad.
    Mis respetos a esta mujer por no darse por vencida.
    Un abrazo.
    Luis Ernesto Pietrini

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