Daños colaterales

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-No entendí, ¿me lo puedes repetir?, supliqué.

-Olvídalo no era importante, me respondió y se marchó.

Sé que le molestó que no entendiera, no lo hago a propósito y al contrario de lo que piensa no sólo escucho lo que me interesa.

Para participar en las conversaciones me concentro al 100%, ¡qué va!, al 200% y aún así se me escapan muchos detalles.

La discapacidad auditiva nos aisla, nos coloca detrás de un cristal como simples espectadores de las charlas de los demás.

Los efectos de tener un problema con la audición no sólo afecta a quien lo tiene, causa daños colaterales a todos los que le rodean. La frustración de sentir que no te están poniendo atención y la exasperación de tener que repetir varias veces lo mismo son  sentimientos en común de aquellos que conviven con personas que tienen esta discapacidad.

Aún con la ayuda de auxiliares auditivos o implantes cocleares, la mayoría de las personas con discapacidad auditiva enfrentamos dificultades para comprender el lenguaje y quienes están cerca de nosotros asumen el papel de vínculo entre nuestro silencio y el mundo oyente.

Estar al pendiente de que la persona con discapacidad auditiva no tenga un accidente por no escuchar un coche que se aproxima o que reciba un empujón porque hay personas que esperan pasar y no se ha dado cuenta, y que entienda todos los detalles de una conversación, es una gran responsabilidad de quienes nos rodean.

Ver la cara de frustración de mis seres queridos cuando no entendí lo que me dijeron y notar su enojo cuando tienen que repetirme todo de nuevo, para mí es muy triste.

Pienso que estos daños colaterales son inevitables pero pueden ser superados si quienes conviven con una persona con discapacidad auditiva comprenden que la comunicación es la clave.

Para mantener una buena comunicación el oyente debe de asegurarse de que la persona con discapacidad auditiva lo está escuchando y entendiendo, de no ser así debe de buscar otra forma de decir lo mismo para que lo entienda.

Quienes tenemos discapacidad auditiva tenemos el deber de hacerle saber a quien está conversando con nosotros que hemos entendido, de lo contrario pedir que nos repita lo que estaba diciendo.

Evitemos el hacer sentir al otro que es ignorado.

Y tú, ¿has causado daños colaterales con tu discapacidad?

Un pensamiento

  1. Es cierto lo que relatas. Todas esas situaciones y vivencias producto de nuestra sordera son muy frustrantes tanto para nosotros como para los que batallan para conversar con nosotros.
    Espero con ansias tus blogs de los jueves, porque me siento comprendido, y de que no soy el único que padece estas vicisitudes.
    Gracias, Lilian, por darle voz a nuestra problemática.
    Un abrazo

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