El Silencio

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En esta ocasión les comparto un fragmento de un texto que escribí hace varios años y que se publicó en una antología de cuentos titulada, “Escucharte Más”.

EL SILENCIO

¿Existe el silencio?   En el ámbito de la expresión sonora se dice que el silencio es la ausencia de sonido,   mientras que en la escritura musical, el silencio es figura y cada nota figurada posee su recíproca figura silenciosa.

La palabra silencio proviene del latín “silentium” y según el Diccionario de la Real Academia Española, es la  abstención de hablar o la falta de ruido, esto es, el silencio entendido como una acción.  Es el “sileo”, callar.

Callar es dejar de hablar, de producir un sonido.  Abstenerse de manifestar lo que se sabe o siente…

Así, “guardar silencio”, evoca a quedarse callado por un tiempo determinado.   Guardamos silencio cuando estamos en un concierto con la finalidad de escuchar la mágica interpretación de una melodía; guardamos silencio con el simple propósito de apreciar una obra inmejorable, resultado de la expresión de un artista.

El silencio entendido así es fascinante, inevitable, introspectivo.  Nos sirve para abstraernos en aquello que evoca nuestro origen divino.

Para el músico y compositor, John Cage, el silencio no existe en tanto que vivimos en un mundo de sonidos: niños que gritan, motores de automóviles, el viento, la lluvia…

Cuando compuso su controvertida pieza 4’ 33’’, misma que puede ser interpretada por cualquier instrumento o conjunto de instrumentos, fue precisamente para demostrar que siempre hay un sonido.  En la  partitura de esta pieza se indica al intérprete que ha de guardar silencio por 4 minutos y 33 segundos.

En 1951 Cage visitó la Cámara Anecoica de la Universidad de Harvard para conseguir una perspectiva del “silencio absoluto”.  Aún dentro de la cámara pudo percibir dos sonidos, uno correspondía a su sistema nervioso y el otro a su corazón. Concluyó entonces que no había modo de experimentar el silencio mientras se estuviera vivo.

Por lo tanto, ¿existe el silencio?  Y es esta interrogante que me acosa desde hace algunos meses.

Fue a partir de que fui sometida a una audiometría, prueba que permite valorar la audición de una persona, que soy consciente del silencio.

Durante esta prueba se evalúa la capacidad para detectar sonidos transmitidos por medio de unos auriculares.  Los sonidos son timbres y zumbidos, agudos y graves.  Al sentir una vibración insonora en mi oído derecho entendí el silencio.

Mi médico me explicó que tenía un problema degenerativo, “hipoacusia neurosensorial”, dicho de otro modo, estoy por entrar en el mundo del silencio.

Ahora reflexiono el fenómeno del silencio, el cual nunca será absoluto, ya que siguiendo a Cage, aún perdiendo la capacidad auditiva, seguiré percibiendo los sonidos de mi interior.

Un pensamiento

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