Cifras y discapacidad auditiva.

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1. Más de 1,100 millones de jóvenes en el mundo están en riesgo de sufrir pérdida de audición por el uso reiterado de dispositivos electrónicos y auriculares, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

2. 360 millones de personas sufren de pérdida auditiva en el mundo.

3. 328 millones de las personas con pérdida auditiva  son adultos.

4. 70 millones de personas con sordera utilizan el lenguaje de señas como primer idioma o lengua materna.

5. 43 millones de jóvenes entre 12 y 35 años presentan discapacidad auditiva.

6. 32 millones de las personas con pérdida auditiva son niños.

7. 3.65 millones de auxiliares auditivos fueron adquiridos en los Estados Unidos durante 2016, según las estadísticas generadas por la HIA (Hearing Industries Association).

8. Aproximadamente 324,200 implantes cocleares habían sido implantados en el mundo para diciembre de 2012.

9. Entre $75,000 y $125,000 dólares estadounidenses cuesta una cirugía de implante coclear (que incluye el dispositivo) en los Estados Unidos, el monto total depende de los honorarios médicos y el costo del hospital.  En México la mayoría de las aseguradoras NO CUBREN el implante coclear.

10. La exposición a 100 decibeles durante más de 15 minutos es considerado un nivel sonoro de riesgo. Cien decibeles es el nivel medio en una discoteca, bar y muchos centros de deporte, como los salones de spinning.

Fuentes: http://www.who.int, http://www.hearing.org, http://giftofhearingfoundation.org

 

Cuando la actividad física daña tu salud auditiva.

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Todos sabemos que el realizar actividad física de manera constante, tiene beneficios en la salud, tales como prevención de enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes tipo II, entre otras.

Es por esto que hoy en día con el aumento de la cultura de bienestar, se han multiplicado los negocios que ofrecen servicios de actividad física y deporte.

Pero muchos de estos sitios en los que se promueve la salud guardan un secreto nada saludable.

La PIX11, principal canal televisivo neoyorquino de la compañía Tribune, realizó un estudio encubierto para medir los niveles de ruido en cuatro gimnasios estadounidenses. Los resultados dispararon todas las alarmas. En todos los gimnasios se ponía la música a un nivel constante de 100 dB en adelante y durante las clases alcanzaban niveles de hasta 115 dB, lo que excede el límite establecido por la Organización Mundial de la Salud de 55 dB, siendo las clases de spinning las más peligrosas.

Los altos niveles de ruido ponen en un grave peligro la capacidad auditiva de los asistentes a las clases, pero son los instructores los que corren más riesgo, ya que están prácticamente toda la jornada laboral expuestos a música muy alta.

Hace unos meses mi hija me invitó a tomar una clase de spinning en un centro que se llama Síclo.

Desde que ingresé al lugar me llamó la atención el volumen al que ponen la música fuera de los salones, pero dentro de los salones la música suena tan fuerte como si fuera un bar o discoteca.

Recordarás que en un blog anterior mencioné que la regla que debes seguir para proteger tu audición es, a mayor volumen (decibeles), menor tiempo de exposición, porque la exposición prolongada al volumen alto causa pérdida auditiva permanente e irreversible, y la duración de las clases que ofrece Síclo varían entre 45-60 minutos con un nivel que sobrepasa los 100 dB.

Y, ¿será que estos centros no tengan idea del daño que le causa a la audición el ruido dentro de sus instalaciones?

Quizá en algunos lugares no sean conscientes, pero en particular Síclo tiene unos contenedores al ingresar donde encontrarás tapones para los oídos, el problema es que nadie los nota y los empleados no los ofrecen.

Si eres de las personas que cuidan su salud y realizan una actividad física constante en un centro deportivo, cuida también tu salud auditiva.

Si las clases a las que asistes tienen muy alto el volumen de la música utiliza tapones para los oídos, lo cual reducirá el volumen al que expones tu audición, o pide que le bajen.

Fuentes: http://www.pix11.com, www.hear-it.org.

 

El Silencio.

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En esta ocasión les comparto un fragmento de un texto que escribí hace varios años y que se publicó en una antología de cuentos titulada, “Escucharte Más”.

EL SILENCIO

¿Existe el silencio?   En el ámbito de la expresión sonora se dice que el silencio es la ausencia de sonido,   mientras que en la escritura musical, el silencio es figura y cada nota figurada posee su recíproca figura silenciosa.

La palabra silencio proviene del latín “silentium” y según el Diccionario de la Real Academia Española, es la  abstención de hablar o la falta de ruido, esto es, el silencio entendido como una acción.  Es el “sileo”, callar.

Callar es dejar de hablar, de producir un sonido.  Abstenerse de manifestar lo que se sabe o siente…

Así, “guardar silencio”, evoca a quedarse callado por un tiempo determinado.   Guardamos silencio cuando estamos en un concierto con la finalidad de escuchar la mágica interpretación de una melodía; guardamos silencio con el simple propósito de apreciar una obra inmejorable, resultado de la expresión de un artista.

El silencio entendido así es fascinante, inevitable, introspectivo.  Nos sirve para abstraernos en aquello que evoca nuestro origen divino.

Para el músico y compositor, John Cage, el silencio no existe en tanto que vivimos en un mundo de sonidos: niños que gritan, motores de automóviles, el viento, la lluvia…

Cuando compuso su controvertida pieza 4’ 33’’, misma que puede ser interpretada por cualquier instrumento o conjunto de instrumentos, fue precisamente para demostrar que siempre hay un sonido.  En la  partitura de esta pieza se indica al intérprete que ha de guardar silencio por 4 minutos y 33 segundos.

En 1951 Cage visitó la Cámara Anecoica de la Universidad de Harvard para conseguir una perspectiva del “silencio absoluto”.  Aún dentro de la cámara pudo percibir dos sonidos, uno correspondía a su sistema nervioso y el otro a su corazón. Concluyó entonces que no había modo de experimentar el silencio mientras se estuviera vivo.

Por lo tanto, ¿existe el silencio?  Y es esta interrogante que me acosa desde hace algunos meses.

Fue a partir de que fui sometida a una audiometría, prueba que permite valorar la audición de una persona, que soy consciente del silencio.

Durante esta prueba se evalúa la capacidad para detectar sonidos transmitidos por medio de unos auriculares.  Los sonidos son timbres y zumbidos, agudos y graves.  Al sentir una vibración insonora en mi oído derecho entendí el silencio.

Mi médico me explicó que tenía un problema degenerativo, “hipoacusia neurosensorial”, dicho de otro modo, estoy por entrar en el mundo del silencio.

Ahora reflexiono el fenómeno del silencio, el cual nunca será absoluto, ya que siguiendo a Cage, aún perdiendo la capacidad auditiva, seguiré percibiendo los sonidos de mi interior.

The Duel

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“Unfortunately, I have bad news…”

Perhaps you had already known for a while something was wrong, maybe someone had told you that you kept turning the TV volume too high, or that you yelled while you were speaking… but even so the diagnosis is always an unexpected blow.

Mine was as if someone had suddenly thrown at me a bucket of ice cold water. I had to face the fact that I had lost my hearing and that this would continue to the point that in a near future, I would be immerse in silence.

In his book “Live and Die Consciously”, Iosu Cabodevilla says that each loss will result in a duel, and that its intensity does not depend on the nature of what is lost, but on the value attached to it.

This means that to any loss corresponds a grieving process, and according to Dr. Elisabeth Kübler Ross, this process consists of 5 stages, which are : denial, anger, negotiation, depression and acceptance.

Denial

“This can’t be happening to me”, is the first thought that invades us when we receive a bad diagnosis.

I remember that day when the doctor explained me that I had lost my hearing, and I answered saying:

”I have not lost my hearing because I am listening to you.”

Then he covered his mouth and muttered something, he then uncovered it and told me:

“You are not listening to me, you are reading my lips.”

Anger 

I asked a thousand times: ”Why me?”

Once someone told me:

“Don’t ask, why me? Ask yourself instead, what for?

And so I did, I asked myself a thousand times, what is this for? But I got no answer.

Negotiation 

Then I stopped asking and I dedicated myself to find the answers within me. I changed my diet and isolated myself completely. I avoided any social event for fear that my hearing would deteriorate even further.

I repeated to myself over and over again that before I came into the world, I had chosen this experience.

I wouldn’t complain anymore, instead I would allow the silence to embrace me.

Depression

But when the silence embraced me, I met the solitude.

Yes, of course I know, I had chosen this experience!   According to whom?

Acceptance 

Finally, I surrendered to the pain and to the silence.

And today after the pain, after the silence, I feel a sense of peace. Finally I understood that everything that happened, had to happen.

“You are here to find your own way, and surrender to it in body and soul.”

Buddha

El Duelo.

 

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“Lamentablemente, no tengo buenas noticias…”

Quizá ya lo presentías, hacía tiempo que algo no andaba bien, te habían dicho que le subías mucho al volumen de la tele o que gritabas al hablar, pero aún así el diagnóstico siempre es un golpe inesperado.

El mío fue como una cubetada de agua fría, tuve que confrontar el hecho de que había perdido audición, y que ésta seguiría deteriorándose hasta el punto de que en un futuro no muy lejano, me internaría en el silencio.

Iosu Cabodevilla, en su libro, “Vivir y Morir Conscientemente”, dice que cada pérdida acarreará un duelo, y que la intensidad del mismo no depende de la naturaleza de lo que se perdió, sino del valor que se le atribuye.

Esto quiere decir que a toda pérdida le corresponde un proceso de duelo, y según la Dra. Elisabeth Kübler Ross, dicho proceso consta de 5 etapas, que son: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

La Negación

“Esto no me puede estar pasando a mí”, es el primer pensamiento que nos invade cuando nos dan un diagnóstico tan negativo.

Recuerdo que aquel día en que el doctor me explicaba que había perdido mi audición, yo me defendí respondiendo:

-No la he perdido porque te estoy escuchando.

Él se cubrió la boca y murmuró algo, después la descubrió y me dijo:

-No me estás escuchando, me estás leyendo los labios.

La Ira

-¿Por qué a mí?, pregunté mil veces.

En alguna ocasión alguien me dijo:

-No preguntes, ¿por qué a mí?, pregunta, ¿para qué?

Y así lo hice, pregunté mil veces, ¿para qué?, pero no obtuve respuesta.

La Negociación

Entonces dejé de preguntar y me dediqué a buscar las respuestas dentro de mí. Cambié mi alimentación y me aislé por completo, evitaba cualquier evento social por temor a que mi audición se deteriorara aún más.

Me repetía una y otra vez que yo antes de venir al mundo, había elegido esta experiencia.

No me quejaría más y permitiría que el silencio me abrazara.

Depresión

Pero cuando el silencio me abrazó, conocí la soledad.

Sí, ¡claro ya lo sé, yo había elegido esta experiencia!… ¿Según quién?

Aceptación

Finalmente me entregué al dolor y al silencio.

Y hoy después del dolor, después del silencio, me invade un sentimiento de paz, por fin entendí que todo lo que sucedió, tenía que ser así.

“Estás aquí para encontrar tu propio camino y entregarte a él con cuerpo y alma.”

Buda

 

Música, ¿en silencio?

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Hace poco me topé con un artículo sobre la importancia de la música en el desarrollo de los niños… sordos.

Esto puede parecer muy contradictorio, pero un estudio en Estados Unidos del año 2001, reportó que los sordos sienten las vibraciones musicales en la misma región del cerebro que los oyentes utilizan para oír.  Esto explica el por qué las personas con discapacidad auditiva disfrutan de la música.

Pero en lugar de explicarte mediante la ciencia cómo percibe una persona con problemas auditivos la música,  mejor te contaré mi experiencia.

Antes del silencio disfrutaba la música como cualquier adolescente, iba a bares y discotecas y lo que más me gustaba era bailar.  Sin embargo siempre preferí la música culta o clásica, como muchos la conocen.

Junto a esta inclinación, siempre tuve un apego especial por un instrumento, el violín.  Y, ¿por qué el violín? Pude haber elegido cualquier otro instrumento cuyas frecuencias me resultaran más fáciles de percibir, por ejemplo un tambor, una guitarra o el saxofón.

Pero me encapriché con el violín.

Mi primer maestro de violín alguna vez me confesó que cuando me dio mi primera lección, pensó que no pasaríamos de un par de clases,  pero no resultó así.   Me aferré a aprender y construimos una hermosa amistad:  profesor, alumna y violín.

Este maravilloso instrumento se internó conmigo en el silencio.  Me acompañó y nunca me abandonó. Su voz llegaba a mí a través de la piel en forma de vibración.

Después del silencio mi violín y yo hemos tenido que trabajar mucho.  La primera vez que escuché su sonido a través del implante, me resultó muy confuso.

Mi cuerpo estaba acostumbrado a escucharlo a través de sus vibraciones, pero ahora había una segunda voz que se confundía entre el roce de las cerdas del arco sobre las cuerdas y algunas frecuencias que podía distinguir.

Mi actual maestra de violín, me alentaba a tocar una y otra vez estudios y yo me desesperaba, hasta llegué a pensar que la música era mejor en silencio.

Pero un día mientras tocábamos, sentí como si alguien le quitara la interferencia a una estación de radio y por fin mi cerebro reconoció la pieza que practicábamos.

La sensación fue una vibración que recorría mi cuerpo, al mismo tiempo que mi cerebro recordaba la pieza que alguna vez escuchó.

Definitivamente las personas con discapacidad auditiva disfrutamos de la música, que no te quede la menor duda, pues la música es multisensorial.

Y mi violín ha sido un gran terapeuta y compañero,  ha aprendido a hablar conmigo en silencio y después del silencio.

¿Eres sordo o qué?

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¿Eres sordo o qué?, es una frase que en nuestro vocabulario cotidiano equivale a un insulto.
Como sociedad hemos integrado los términos que se refieren a discapacidades o enfermedades con un tono peyorativo y los utilizamos sin cuestionarnos.

Por lo tanto, no nos debe extrañar que el ser sordo y que esto resulte evidente, sea algo de lo que muchas personas con discapacidad auditiva, se avergüenzan.

Todos vamos perdiendo audición y visión por razón de la edad, por lo que utilizar lentes o auxiliares auditivos se convierte en un signo distintivo de que se nos escapa la juventud.

Aún así los medios han hecho un trabajo muy notable en lo que corresponde al uso de lentes.  Quien los usa puede representar a una persona intelectual e interesante y en ocasiones hasta se utilizan por moda y no por necesidad.

Pero en el caso de la ayuda auditiva, como los auxiliares auditivos e implantes cocleares, la historia es muy distinta, muchos niños no los quieren utilizar porque los molestan y algunos adultos los rechazan porque piensan que es un referente de edad o el equivalente a aceptar que ya envejecieron.

Yo utilicé auxiliares auditivos antes de que me colocaran el implante coclear y para ser sincera no me gustaban nada, nunca asistía con ellos puestos a las reuniones sociales, que era cuando más falta me hacían.

Cuando me colocaron el implante coclear, parte de mi rehabilitación era utilizarlo todo el día, para que mi cerebro se fuera acostumbrando a la percepción del sonido, entonces me veía obligada a traerlo en toda ocasión y cuando me encontraba en lugares públicos sentía que la gente me miraba de una forma muy especial.

En repetidas ocasiones algunos niños o adultos me preguntaron:
-Lo que traes en tu cabeza, ¿sirve para oír?

Esto me incomodaba y buscaba formas de peinarme para que el receptor no se viera.

Cierto día le platiqué a mi mamá sobre cómo me molestaba que la gente me volteara a ver por traer el implante y ella me dijo:
-Cuando se quedan mirando no ven tu implante, te ven a ti.

Sus palabras me ayudaron a entender algo: tenía que cambiar el cómo me sentía con mi implante.

Y sentirme cómoda utilizando el receptor de mi implante no es algo que haya sucedido de la noche a la mañana.

Ahora no me peino para esconderlo, lo dejo ver, sé que al mostrarlo me hace ver diferente y ser diferente no es malo.

Y si me preguntan si soy sorda, responderé:
-Soy sorda, y qué.

 

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